Se define emoción como “la reacción psicofisiológica del individuo que representa un modo de adaptación a ciertos estímulos cuando percibe algo importante”. Quizás sea una definición demasiado técnica, pero está claro que el mundo de las emociones es profundamente complejo, y puede llegar a dominarnos y traicionarnos de tal manera que nuble nuestra razón y bienestar.

En el momento actual cada vez nos vemos más rodeados de un entorno de alta competitividad, exigencia y un tanto deshumanizado, de modo que estas condiciones pueden influir en nuestro bienestar provocando reacciones o emociones sin control muy negativas para nosotros mismos.

Según Rafel Bisquerra, Catedrático de Orientación Psicopedagógica, es clara la influencia social en las emociones, de como éstas determinan los valores y nos condicionan a la hora de pensar y tomar decisiones. Critica la deficiencia en Educación Emocional de un Sistema Educativo orientado al bienestar material y a las empresas carentes de responsabilidad social. Piensa que la actual crisis económica es en el fondo una crisis de valores y nos explica los niveles del bienestar, que pasan no sólo por el bienestar material, sino también por la salud física y mental; el bienestar social, familiar y político; y la capacidad de interiorizar las emociones positivas.

Personalmente no comparto del todo el hecho de que la crisis económica esté cimentada sólo en una crisis de valores. Aunque tenga bastante trascendencia este hecho, creo que hay otros factores que han propiciado nuestro estado actual. Pero comparto a cien por cien su opinión acerca de la carencia del Sistema Educativo de una Educación Emocional, y que esto sin lugar a dudas, ha favorecido el estado de nuestra sociedad actual, el cual ha propiciado la crisis en muchos sentidos.

Es crucial y de vital importancia que tengamos control sobre nuestras emociones, ya que en ciertas situaciones límite como las que vivimos actualmente pueden nublarnos a la hora de tomar las decisiones correctas. A lo largo de nuestra vida educativa nos enseñaron muchos tecnicismos y habilidades, pero nunca a dominar y controlar nuestro interior, así como desarrollar ciertas habilidades como la empatía, que son clave tanto en nuestro entorno laboral, social y personal.

No debemos nunca desviarnos de nuestro verdadero objetivo en esta vida, que es el bienestar, equilibrio, y en definitiva la felicidad, y por ello una ardua tarea a desarrollar es aprender a ser feliz, algo que no es posible sin el control y dominio de nuestro interior.

Por ello he elaborado una lista de pensamientos y actitudes que nos puede venir bien a todos para asimilar nuestro entorno y adaptarnos a él, evitando el sufrimiento lo más posible. Espero que os puedan servir de ayuda o por lo menos que os sirvan como ideas clave:

– No tomes ninguna decisión ante la influencia de un suceso importante para ti, espera a que tu mente pueda asimilar la situación y ver todo con la mayor objetividad posible.

– Desarrolla la empatía, ponte en el lugar de los demás, esto te ayudará a ver las cosas desde diferentes perspectivas.

– Olvida y aléjate de la idea de que eres el ombligo del mundo y que todo gira en torno a ti, esta percepción te puede jugar malas pasadas, y hacerte sufrir en muchas ocasiones. El ego puede ser tu peor enemigo.

– Recuerda los favores que te hacen los demás, pero nunca recuerdes constantemente los tuyos.

– No des nada por sentado, ni esperes nada de los demás, haz tú lo que tengas que hacer pero sin esperar nada a cambio, en caso contrarios vivirás en una continua decepción.

– Ten siempre presente que la vida es como un boomerang, todo lo que haces, de alguna manera tarde o temprano vuelve a ti.

– No olvides nunca que la mente y el cuerpo están íntimamente ligados, de forma que el bienestar de uno provoca el bienestar del otro y viceversa. Equilibra tu cuerpo y mente, y ejercita ambos, eso te ayudará controlar tu interior, y a enfrentarte ante cualquier adversidad de la manera correcta.

– Ten en cuenta cuáles con las verdaderas prioridades de tu vida, nunca pierdas la perspectiva real.

– Quítate de la mente que es más fuerte el que nunca cae, eso es porque a lo mejor no corre ni arriesga lo suficiente. El más fuerte es el que cae y se levanta una y otra vez.